jueves, 3 de diciembre de 2009

Reflexiones sobre la amistad con los nativos

Uno de los primeros objetivos que me marqué para esta experiencia fue el de conseguir nuevos amigos. Específicamente amigos japoneses. A estas alturas del primer semestre, ya conozco mejor a mis compañeros extranjeros y voy encontrando a las personas con quien me siento más cómoda, o con quien comparto más intereses. Y está bien practicar mi inglés y poder hablar con franqueza de mis intereses y opiniones con gente que piensa de manera parecida, pero aún así - estoy aquí por un motivo, y es que quiero aprender japonés. Para lo cual necesito practicarlo, para lo cual, obviamente, necesito amigos japoneses.

El problema no es conocer gente. Durante los primeros días, y más tarde, nos presentaron a la veintena de chicos y chicas que hacen de voluntarios para ayudar a los estudiantes internacionales, muchos de los cuales suelen juntarse con nosotros en las "gaiben", o "gaijin benches" (unas bancas frente al edificio donde normalmente tenemos clase, de las que más que apropiarnos, siempre hemos sido dueños). En las clases de japonés, también, los profesores invitan un par de veces al mes a estudiantes japoneses como voluntarios, para venir a hablar con nosotros de una serie de temas impuestos (que la mayoría de las veces quedan relegados a los primeros cinco minutos, dejando paso al flujo irregular de la conversación espontánea entre desconocidos). (En una nota aparte, es así como los profesores suplen la falta de actividades comunicativas en clase).

Por lo tanto, es relativamente fácil conocer gente nueva. Si no viene un voluntario en clase, puedes hablar con alguien en las gaiben, esperar a que la gente que conoces te presente a amig@s suyos en una fiesta, o asistir a una de las muchas y diversas reuniones y actividades que se hacen con prácticamente el único fin de poder presentar estudiantes extranjeros a los japoneses.

Lo difícil es, si consigues acordarte del nombre + la cara de todas las personas que te han presentado; si consigues direcciones de correo y números de teléfono, establecer el contacto - y mantenerlo.

Aquí quien tiene que tomar la iniciativa depende de cada quien. Los más interesados te llamarán o escribirán, los poco interesados (o muy tímidos) no lo harán, y serás tú quien deba ir tras ellos. Años de experiencia me han enseñado a no esperar sentada a que la gente venga a mí, y he intentado establecer el contacto con varios de los japoneses que he conocido recientemente. Todavía me queda mucha gente con quien contactar, y no estoy segura de que vaya a ser un contacto fructífero, pero lo voy intentando.

Así que llega la parte difícil - poder sacar la relación esporádica de hablar un rato en la escuela, o saludarse por los pasillos, a una conversación más privada, que conduzca a un mejor conocimiento mutuo. Es decir, quedar para hacer alguna cosa. Personalmente prefiero las conversaciones "one on one" para hacer amigos; las fiestas, parrandas, nomikais y karaokes están muy bien, pero entre el ruido, la bebida, y las personas que son más espontáneas, habladoras y/o gritonas que yo, al final acabo la noche sin haber articulado muchas palabras - o sin ya poder hacerlo. Aunque quizá sea más fácil para otras personas quedar con un grupo.

En fin, la semana pasada me marqué como objetivo para el fin de semana quedar con algún amigo japonés - cuantos más, mejor. Sólo para hablar. Y lo hice, y hablé mucho, y los resultados son interesantes. Quedé el sábado con una chica, y el domingo con un chico, y en ambos me lo pasé bien y pude conocer más a la otra persona. Con la chica, sin embargo, la conversación fue más difícil. Por una parte, ella intentaba hablarme en español, y yo, para ayudarla a practicar su idioma, le hablé en español. Resulta algo difícil intentar moderar la velocidad, simplificar las expresiones y pronunciar claramente las palabras, especialmente en la propia lengua, en la que estás acostumbrada a correr y que te sigan. Fue como dar clase de español durante horas. Y la conversación entre los silencios incómodos de "¿y ahora de qué hablo?" se sentía más como un interrogatorio o una encuesta que una charla fluida. Faltaba interés, opinión, contraste, encontrar un tema que nos apasionara a las dos. Aún así logramos mantener la conversación un buen rato. Con el chico, sin embargo, hubo más química, más diversión, más fluidez. A pesar de mis dificultades con el japonés, logramos hablar de muchas cosas, y los temas salían uno detrás de otro, espontáneamente, y tuve la oportunidad de abrirme más y hablar de temas y puntos de vista más personales.

Cada persona es diferente y da lugar a una relación diferente. Pero en general encuentro que, aunque las chicas son más lanzadas y directas a la hora de introducirse y mostrar interés en hacer amistad, es más difícil llegar a conocer sus opiniones, ideas e intereses. Yo había leído que es difícil mantener una conversación "profunda" con chicas japonesas, y en mi experiencia lo es... quizá por su educación, parecen ser más reservadas con sus gustos, opiniones, etc. que los hombres.

Aunque repito, voy viendo que en realidad depende de cada persona. También tengo muchos amigos japoneses con quienes encuentro difícil, sino imposible, hablar de asuntos u opiniones personales. Sospecho que tiene mucho que ver con dificultades lingüísticas (falta de gramática, vocabulario) y de encontrar a una persona con quien conectemos. Por muchas personas que tengamos para hablar, realmente, a fin de cuentas, sólo con un pequeño porcentaje de ellas podemos llegar a tener una relación sincera, profunda y duradera de amistad.

Soy una persona que cree en la comunicación, en el poder de la risa compartida, y en dejar que el paso del tiempo nos ayude a distinguir a nuestros verdaderos amigos. Y así será. Tardo mucho en forjar amistades, pero una vez están allí, no me olvido nunca. Así funciono yo. Y en este sentido, al parecer, soy bastante japonesa. XD

domingo, 15 de noviembre de 2009

学園祭 (gakuensai) o El Festival de la Uni

... en otras partes conocido como Fiesta Mayor, la versión japonesa consta de igual número de puestos de comida, jóvenes, conciertos y eventos simultáneos, menos el alcohol y con el añadido de Flea Markets, o puestos de objetos y ropa de segunda mano.

Básicamente, el Gakuensai es la oportunidad anual para todos los círculos y clubs de la universidad para recaudar fondos para sus actividades y darse a conocer. Cada círculo o club diseña su propio puesto, ya sea preparando udon, yakitori, takoyaki, plátanos caramelizados o algún otro tipo de alimento (aunque por cierto, las bebidas brillaban por su ausencia, y no hablo sólo de las alcohólicas); o llevando objetos o ropa que ya no utilizan y vendiéndolas en un puesto.

Los clubs de música y danza actúan en el escenario; los clubs artísticos exponen sus obras,... y todo el mundo se divierte hasta que se hace de noche y comienza a hacer frío (es decir, hasta las 5 o 6 de la tarde).

El sábado, el primer día que fui, tuve la oportunidad de ver algunos bailes tradicionales...



 ...la actuación del Jumping Rope Club, que fue impresionante (parece mentira, lo mucho que se puede hacer con un par de cuerdas, música, y mucha gimnasia)


 
(me cago en vuestras cabezas...)
 
Había, entre otras cosas, conciertos varios (guitarras, un coro) y mucha, mucha ropa barata. Al final de la tarde, antes de retirar los puestos, los precios bajaron muchísimo y se tiene la oportunidad de comprar camisetas, pantalones o jerseys por menos de 100 yenes (hasta 10 yenes!). 

Una cosa que me sorprendió bastante es la facilidad con la que me hablaban los japoneses. Normalmente reservados y a su rollo, la necesidad imperiosa de atraerte a su puesto y venderte algo, cualquier cosa, los impulsa a hacer algo que raramente he podido ver - ¡un japonés acercándose a hablar conmigo! Por supuesto, el tema y propósito de la conversación es sólo uno, así que realmente no pude conocer gente nueva. Pero me agradó hablar con ellos; había unos chicos muy majos que programaron enteros varios juegos para el ordenador, en plan Guitar Hero, que se veían bastante interesantes y baratos (300 yenes por 3 juegos!), aunque probablemente incompatibles con mi Ubuntu/Vista... en fin.

Hoy mi visita fue mucho más larga y pude hacer más cosas: a mediodía pude probar el "koto", un instrumento de cuerda tradicional del Japón...


(es el instrumento que parece una mesa larga)

Llegué a tocar "Sakura" en el koto casi a la perfección, hasta que decidí que era hora de seguir adelante. Después de pasear por los puestos un rato, y ver las preparaciones de las orquestas de jazz-cosplay...


(Son Goku, dos chicos con falda, niñ@s de primaria, y había un daikon gigante corriendo por allí)

... nos reunimos todos los extranjeros para ver a los grupos de "yosakoi" en el escenario central. Habiendo formado parte - brevemente - del grupo de Yosakoi de Barcelona, os puedo contar algunas cosas sobre este baile. Se hace con un tipo de canciones y un ritmo establecido, son bailes de grupo, con movimientos también establecidos, donde se usan una especia de "castañuelas" de madera. Son bailes muy vigorosos y energéticos, y divertidos. En esta actuación, cada grupo tenía a dos "comentaristas" que cantaban y animaban a los bailarines.


(helos aquí...)

Lo más divertido fue al terminar los bailes, porque pusieron música, y los bailarines se mezclaron con el público, y todos bailamos una danza sencilla y muy, muy divertida, llena de saltos y rondas. Lástima que me cueste tanto memorizar y seguir hasta los pasos más sencillos. XD

Después de eso vimos brevemente actuaciones de grupos de Jumping Rope, menos ensayadas que las del día anterior, y nos pasamos por el concierto de Metal de la universidad, hecho en una sala de conciertos pequeña (el "mosh pit" era un pasillito de nada, y la mitad de los asistentes estaban sentados como escuchando ópera, mientras el cantante desgarraba a gritos sus canciones). También vimos lucha libre a la japonesa, completa con muñecas hinchables, pantalones brillantes y ajustados, y golpes poco verosímiles.

Se hizo de noche, empezó el frío, y los puestos de ropa y comida empezaron a cerrar. Sin embargo, me quedé a ver dos últimos espectáculos: un mini-concierto de un grupo local, que tocó tres canciones ante un público más bien pasivo; y el evento que cerraba el Gakuensai - la esperadísima actuación del famoso grupo de danza hip-hop de la universidad, 舞 Style ("mai "style, quizá me haya equivocado de kanji).

Son claramente muy seguidos (los enardecidos gritos de las chicas lo indicaban) y eran claramente muy buenos - no por nada se les ve cada día ensayando en la universidad. El grupo de break-dance fue especialmente increíble; hubo un momento en que un chico con un casco daba vueltas y vueltas sobre su cabeza, con las piernas estiradas... Así que aunque volví a casa cansada, sedienta, y con las manos ateridas por el frío, me siento muy contenta de haber podido disfrutar al máximo del festival de la Ritsumeikan.


sábado, 3 de octubre de 2009

留学生の生活, vida diaria de una estudiante de intercambio

El lunes pasado se acabó la primera etapa de mi vida en Kyoto. De un día para el otro, el cielo se nubló y cayó la lluvia, ligera pero insistente, al largo de toda la semana. Mojados y fríos, así comenzamos las clases.

Los primeros días fueron largos, aburidos y extenuantes. Estoy en el nivel intermedio, el que me esperaba, y sin embargo la gramática, los kanji, todo en la clase era nuevo y difícil de entender. Hicimos varios exámenes de nivel, comprobamos los libros de texto y la dinámica de clases.

Realmente lo de las clases es un poco raro. "Comprehensive Japanese", que tenemos por 1,5 horas 5 días a la semana, nos la dan cuatro profesores en cinco aulas distintas. Las horas de clase también varían bastante, a veces empezamos a las 13 horas, a veces a las 10.40. Eso sí, al menos casi todas mis clases serán en el mismo edificio.

Toda esta semana me he sentido descolocada, ansiosa, quizá incluso deprimida. El precio de los libros de texto, la constatación de que tengo que ir a comprar al supermercado hasta tres veces por semana, la dificultad de las clases, los días de lluvia, el consecuente estrés por llegar a clase a tiempo sin matarme con la bicicleta en alguna de las estrechas calles de la ciudad...

Y sin embargo, siempre hay algo en el mundo que me rodea que logra sorprenderme. El miércoles, mientras me esforzaba por llegar a clase a tiempo sin chocar contra las macetas de una señora con la bicicleta, me encontré de frente con una hilera de monjes que cantaban con voz profunda y pausada. Fue tan repentino, tan inesperado... un momento prácticamente mágico. (No pude hacerles una foto, pero me he "birlado" una foto que tomó una chica de la resi)



El viernes fue la cúspide de la semana, una serie de días de dudas, preocupaciones y lluvia. A pesar de las cortinas, por las mañanas entra mucha luz a mi habitación a través de la enorme ventana. Estos días, quizá por nervios, me había estado despertando antes de que sonara el despertador de mi reloj (a las ocho de la mañana, normalmente), y volviéndome a dormir, cansada. El viernes debía haber escuchado la alarma, y la apagué automáticamente. Dormí, y pensé que serían las siete de la mañana, aunque la gente había mucho ruido, incluso habían comenzado las obras en el edificio de junto. Miro el reloj para ver la hora, y me detengo. No marca la hora esperada. No marca las 7, sino las 10.40. Las DIEZ CUARENTA?? ¿No era ésa la hora en que comenzaba mi clase de japonés?

Pues sí, lo era. Después de unos minutos de pánico, salí corriendo. A pesar de mis esfuerzos llegué media hora tarde a clase, y aunque la profesora no me dijo nada al respecto, estoy segura de que me anotó un punto negativo... En fin! Estas cosas pasan.

Hoy, sin embargo, algo ha mejorado.

A eso del mediodía salí al centro de Kyoto para comprarme, por fin, un teléfono móvil. Para no alargar demasiado la historia, diré que no encontré ninguno de prepago, pero que la experiencia me obligó a hablar japonés con bastantes personas esta tarde. Y aunque me costó y muchas veces no entendía la mitad de lo que me decían, finalmente logré entender lo básico, y por mi parte logré hacerme entender. También estuve hablando con unos chicos que recogían firmas en apoyo a ocho estudiantes universitarios que están en la cárcel, y aunque no logré entender casi nada de lo que me explicó, si estuvimos un rato charlando, y me sentí más optimista respecto a la posibilidad de llegar a conocer gente de aquí.

Tampoco regresé con las manos vacías; a parte de panfletos y otras publicidades, visité la zona de compras y entré en el círculo vicioso que es el consumismo (¡quiero-quiero! ¡pero no tengo dinero!). Una tienda vendía tres calcetines / medias por 1050 yenes, y compré unos cuantos. No estaba segura, como siempre, de mi decisión, pero al probármelos en casa me encantaron. Me los quedo. ^_^ También encontré otra tienda con medias, calcetines largos y cortos, de todos tipos y colores, bastante baratos. ¡Y logré encontrar los loose socks! Hay de muchos tipos, algunos más largos y anchos que otros, y no son demasiado baratos. Pero ¡los quiero!

Además, en el camino de vuelta logré situarme en la ciudad y encontrar el atajo por donde me llevaron en bicicleta al centro la primera vez, un camino que sólo pude recorrer acompañada dos veces y que desde entonces no lograba recordar del todo. Aunque ahora, después de un adicional viaje nocturno para "ver la luna" (tsukimi), tengo las piernas verdaderamente molidas. ¡¡Ay mis rodillas.!!(Para llegar al centro desde mi residencia, en bicicleta, se tardan aproximadamente unos 40 minutos).

En resumen, que veo que aunque me cuesta y me queda mucho por delante, poco a poco estoy absorbiendo el lenguaje y logro desenvolverme lo suficiente para hacer lo que necesito; poco a poco me voy situando en la ciudad y voy adaptándome a lo que será mi vida durante los siguientes meses. Estoy feliz.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Primeras impresiones

En pocas palabras: silencioso, reservado, verde.

La primera cosa que me sorprendió fue el silencio. Ya he hablado del extraño silencio que me recibió en el aeropuerto de Narita. Pues Kyoto es muy similar. No se escucha el estruendo de los buses en las calles, el camión de la basura, coches pitándose furiosamente unos a otros, las cotorras gritonas de los vecinos, los gritos de la gente por la calle... En el tren y el metro, aproximadamente la mitad, o más de los presentes se enfrascan en su móvil o I-Pod. Y sin embargo, en ABSOLUTAMENTE NINGUNA ocasión en la que he ido en tren he escuchado un solo tono de llamada, ni siquiera un mísero pitido de "tienes un mensaje nuevo!". En la residencia nos prohiben hacer ruido en la cocina a partir de las 10 de la noche, así como hablar por la noche en las habitaciones con la ventana abierta, porque aparentemente molesta a los vecinos, que acaban llamando a la policía.

Y mira que en Barcelona he estado en fiestas en bloques de pisos, de esos que son como cajas, donde escuchas la vida de tus vecinos en directo, con música a todo volumen, risas estruendosas y conversaciones a gritos a las dos, tres, cuatro de la mañana... y la policía no ha aparecido. Y mira que frente a la casa de mi abuela Con, en México, hay varios locales donde hacen fiesta cada fin de semana y no dejan dormir a nadie, y nadie dice ni hace nada. Y aquí tienes una campanita en tu ventana que suena con el viento y los vecinos llaman a la policía quejándose de que no pueden dormir.

Claro que puntualizo: no en todas partes es lo mismo. Estoy en una zona de Kyoto más residencial y histórica y menos urbana. El centro mismo de Kyoto es mucho más transitado y ruidoso. Osaka también es una ciudad bastante estruendosa, sólo con el eterno movimiento de personas, coches y mercancías. Fuimos a una mega-tienda llamada Yodobashi Camera y nos tuvimos que salir al poco rato porque no soportábamos el estruendo: músiquita pegadiza e irritante anunciando las bondades de Yodobashi Camera, los vendedores de teléfonos gritando sus ofertas en cada esquina, gente yendo de un lado a otro... BUF.

¿Verde? El clima es muy raro aquí. Hace calor de julio en España, calor casi veracruzano, y estamos a finales de septiembre. Por la noche refresca un poco más. Y por cierto, a las siete de la tarde ya es de noche.

El clima por aquí en Kyoto parece ser muy húmedo. Y boscoso. Y eso se nota en cada rincón de la ciudad. Es algo que me parece maravilloso y me hace feliz. Suena cursi dicho así, pero es que los árboles y el cielo azul me dan una felicidad tan simple, tan primaria... no sé, es difícil de explicar. Kyoto está rodeada de montañas boscosas. En este momento del otoño los bosques se comienzan a teñir de rojo y dorado. Y hay árboles en todas partes, jardines en las casas, en los templos, alrededor de la ciudad.

Por ejemplo, Arashiyama, al este de Kyoto:





 

El primer día que desperté en Kyoto, fui a dar un paseo por la zona a las 8 de la mañana. No puedo describir el aroma, a humedad, flores, algo familiar y extraño a la vez. La tranquilidad del ambiente de un barrio tranquilo despertándose por la mañana, la gente paseando a su perro, trabajando en su huerto, saludándose.

Y es aquí donde me entró esa otra sensación que incluyo en mis primeras impresiones. Me sentí como una verdadera "gaijin", "persona de fuera". Como una intrusa en un mundo que no me pertenece y del cual nunca podré formar parte. Es como si mi pelo, el color de mi piel, la forma de mis ojos, mi idioma, fueran una barrera que me impiden formar parte, verdaderamente, de este país. No sé bien cómo explicarlo, es como si hubiera un Japón sólo para los japoneses. Son muy simpáticos con los extranjeros, especialmente en Kyoto (porque somos su medio de ganar dinero), pero, al mismo tiempo... dejan algo que los separa de nosotros.

Bueno, probablemente estas impresiones cambiarán con el tiempo. Quizás. Por ahora, ¡a echarle ganas a los trámites burocráticos!

sábado, 19 de septiembre de 2009

Terremotos

Una corta entrada antes de irme a dormir! (Queda pendiente un post sobre "primeras impresiones")

Esta madrugada, sobre las 2, cuando finalmente cesaba el insomnio y comenzaba a dormir, sentí un repentino temblor en toda la habitación. Escuché el sonido de mi nuevo ("nuevo" es un decir) refrigerador moviéndose violentamente. Helo aquí, mil yenes, con la puerta del congelador que no se cierra, y tan ruidoso como una cafetera... Desde que lo tengo no dejo de escuchar sus murmullos incesantes por la noche, recordándome un (otro) posible error económico.



Así que cuando escuché el estruendo del refrigerador por la noche, medio dormida, lo primero que pude pensar fue: "¿PERO QUÉ COÑO ESTÁ HACIENDO AHORA ESTE REFRIGERADOR?" Luego me di cuenta de que estaba en Japón y de que ése era, verdaderamente, uno de los tantos cientos de terremotos que tienen lugar en Japón cada año.

Antes de que pudiera pararme y hacer algo, la calma volvió a la noche, y no hubo repetición. Así fue mi primer terremoto en Japón.

Hace un par de días, en la primera sesión de Orientación en la universidad, vinieron unos bomberos con un camión especial para hacernos una demostración de la fuerza de un terremoto. Era básicamente un camión con un remolque que se movía de lado a lado y de arriba abajo, con una especie de "cocina", con una mesa, varios utensilios, algunos muebles. Cuatro personas se quitaban los zapatos, se subían, y empezaba el "terremoto". Como atracción de feria no era demasiado emocionante ni aterrador, ni siquiera se nos cayeron encima los utensilios que había encima de la "estufa". Era básicamente para comprobar la fuerza de un terremoto. Y en mi opinión no creo que sirva demasiado, porque un terremoto te pilla de sorpresa, en la cama, de camino al trabajo, en un examen... Eché en falta que, en vez de lucirse con sus avances tecnológicos, nos recordaran
los consejos básicos de prevención y seguridad en caso de terremoto: vigilar los objetos que potencialmente se nos caerían encima, no ponerlos allí, ponerse bajo una mesa, bajo el umbral de una puerta, etc.

Ya sé que estos consejos les sonarían viejos a muchos, pero al menos en mi caso, que pocas veces he vivido terremotos, y nunca uno muy fuerte (tenía pocos meses cuando fue el terremoto de México del '85, y yo estaba segura en Xalapa, Ver.) esos consejos tienden a ser... olvidados. Ciertamente iría bien que nos refrescaran la memoria en este tema, ¿no?

domingo, 13 de septiembre de 2009

Japón: La llegada

Estoy cenando pan y pockys en mi habitación de la residencia de estudiantes internacionales de la universidad, en Kyoto. ¡Hola a todos!
Éste es mi segundo día en Japón, y podría calificar mi estado de ánimo general como "sacada de onda". Totalmente.
Comencemos por el principio. El viaje comenzó en Zacatecas, Méx, a eso de las 7 de la mañana del jueves 10 de septiembre. Partí de la central de autobuses hacia Querétaro. Absorbí el paisaje zacatecano, extrañamente verde por las lluvias que han estado azotando la zona este mes. Pero igualmente yermo. Rocoso. Casas sin terminar, de puro ladrillo y cemento. En Querétaro tomé un autobús directo hacia el aeropuerto de México. Partía ya cansada y ansiosa; había estado la noche anterior re-empacando las maletas, quitandoles peso a costa de dejar atrás ropa que ahora me hace falta (¡pantalones! ¡mis botas! ¡mi chamarra de mezclilla!).
Llegué al aeropuerto con horas de antelación. Después de facturar mis maletas (una de las cuales pesaba la ridícula cantidad de 8 kilos), me quedé sin nada que hacer. Di paseos por la nueva terminal 2. Empecé a leer "La Era del Diamante". Me compré un Dr. Pepper, for old times' sake, me fui a poner perfume marca Boss en la tienda Duty-Free, en un vano intento por disimular la peste a sudor que emanaba de mi cuerpo después de varias horas en camión.
El avión hacia Tijuana partía antes de lo esperado, constaté que el avión que iba hacia Japón partía más tarde, y en ese momento pensé con envidia en los afortunados que no tendrían ni que bajar del avión al llegar a Tijuana.
En el avión conocí a un diputado del PAN, que me preguntó por mi vida, leí, esperé. Un viaje sin emociones, a una ciudad que nunca he visitado. Casi ni la pude ver bien porque era de noche.
Una vez en Tijuana, me dispuse a esperar una hora, quizá un poco más, en el pequeño aeropuerto, a que llegara el otro vuelo. Leí. Esperé... y esperé aún más. 
El vuelo salía, en teoría, a las 2:50 AM. Comenzaba a abordar a las 2:25. El avión no llegó hasta entradas las 3 de la mañana; sacaron a todos los pasajeros; los pasaron por inmigración, y a esperar hasta que los volvieran a abordar. La verdad es que había más chinos que japoneses, que imagino tomarían otro vuelo en Narita hacia China. Finalmente, como a las 4:30 casi, comenzamos a abordar. Así empecé la penúltima parte del viaje, sin dormir, completamente exhausta.
Me tocó ventana, y justamente al lado de dos chinos que tenían toda la pinta de 1) no hablarme para nada durante todo el viaje, y 2) quedarse dormidos al instante y no levantarse ni una vez. Prácticamente cierto. Un asiento con ventana es de lo pero que te puede tocar en uno de estos viajes largos, particularmente si eres una persona, como yo, con dificultades para dormir larga y profundamente en uno de los estrechos asientos del avión, y que necesita tomar agua con bastante regularidad... No pude dormir al principio, me limité a probar los videojuegos que venían en el programa de entretenimiento del avión, hasta que se me trabó la pantalla. En fin; el viaje fue demasiado largo; cruzamos el Pacífico de noche, y finalmente logré dormir un poco.
Llegamos a Japón en la madrugada a eso de las 7.
 
 Ya sabía que me encontraría campos de arroz, pero, ¡tantos! Me llamó la atención una particularidad de la zona: los campos cultivados rodeaban zonas de bosque, normalmente en colinas, donde estaban los pueblos. 
 
 Y así, sin más preámbulos, ¡aterrizamos en Japón! La emoción de este hecho, de realmente, de verdad, estar en territorio japonés, se vio relegada a un segundo plano por un solo pensamiento, ¿¿dónde está el lavabo??
Mi primera impresión de Japón: increíblemente silencioso. El suelo del aeropuerto de Narita está cubierto por alfombras que silencian el sonido de los pasos. No hubo colas en inmigración, prácticamente, al contrario que en todos los aeropuertos en los que he estado en mi vida. Encontré mis maletas enseguida. El revisor de aduanas fue extremadamente respetuoso al abrir una de mis maletas, poniendo un plástico enfrente para que quien estuviera en la fila no pudiera ver los contenidos de la maleta, sacando y recolocando cada cosa con sumo cuidado. Al contrario que esos inspectores que me he encontrado en el aeropuerto de México, que remueven a gusto y luego te dejan a ti que arregles lo que acaban de hacerle a la maleta que tanto tiempo tardaste en empacar.
Y así, oliendo a occidental sudada, con tres maletas, y mi cámara de fotos, entré a Japón por primera vez. Enfrente de la salida de la terminal pude comprar el pasaje para el Narita Express, un tren de alta velocidad que te lleva desde el aeropuerto a Tokio, y más allá. Es muy cómodo, y tiene un lugar al principio del vagón donde hay que dejar las maletas más grandes.
Una particularidad que me llamó la atención - cuando hablan de hacer "paradas breves" en una estación, lo dicen en serio. Realmente uno tiene pocos segundos para salir del tren, así que hay que estar sacando las maletas y posicionándose frente a la puerta desde el momento que anuncian la estación.
La estación de Tokyo es enorme. Una foto no le hubiera hecho justicia. En un momento me recordó al metro de México en hora punta; con gente yendo apresuradamente de un lado a otro, por todas partes. Compré el billete del shinkansen más rápido hacia Kyoto, el Nozomi, con asiento reservado y todo. El tren me encantó - bien vale la pena su precio. Hay tomas de corriente para conectar el portátil, e incluso ofrece internet inalámbrico en el trayecto hasta Shin-Osaka. Al principio no parece ir muy rápido, pero poco a poco va ganando velocidad, hasta que ves el paisaje pasar tan rápido ante tus ojos que marea. Fue la razón por la que no pude hacer buenas fotos en el trayecto - tan pronto como veía un paisaje interesante, éste desaparecía de la vista. 
 
¿Parece un avión, verdad? 
En poco más de dos horas llegamos a la estación de Kyoto. Allí, descubrí que el billete del shinkansen sirve también para los trenes locales. Tomé un tren que iba hacia la estación de Hanazono, cerca de la residencia. Al principio no estaba segura de si era el tren correcto, pero pude preguntar sin problemas. También vi que los carteles que anuncian la estación también tienen apuntado el nombre de la próxima estación, lo cual es bastante útil. Una vez en Hanazono, me quedó encontrar la parada de taxis, y llegar a la residencia. Llovía pero no hacía frío.
Después todo fue bastante rápido y confuso. Pero de eso empezaremos a hablar más tarde: las primeras impresiones de Kyoto!

martes, 1 de septiembre de 2009

Introducción

Faltan 10 días para mi viaje a Japón, donde estaré un año estudiando en una universidad de Kyoto. Así acabaré mis siete años de estudios universitarios; y tengo la esperanza de comenzar mi vida laboral.

¿Cómo llega uno a Kyoto? Retrospectivamente parece sencillo: hace falta una universidad que ofrezca posibilidades de intercambio con esos países, estudiar japonés un par de años, y ahorrar... ahorrar mucho.

Ahora que ha llegado la hora, con terror e ilusión a partes iguales, me dispongo a viajar más lejos de lo que he viajado en mi vida.

En este blog relataré todas mis experiencias y reflexiones relativas a Japón.

Apenas es el principio.