sábado, 3 de octubre de 2009

留学生の生活, vida diaria de una estudiante de intercambio

El lunes pasado se acabó la primera etapa de mi vida en Kyoto. De un día para el otro, el cielo se nubló y cayó la lluvia, ligera pero insistente, al largo de toda la semana. Mojados y fríos, así comenzamos las clases.

Los primeros días fueron largos, aburidos y extenuantes. Estoy en el nivel intermedio, el que me esperaba, y sin embargo la gramática, los kanji, todo en la clase era nuevo y difícil de entender. Hicimos varios exámenes de nivel, comprobamos los libros de texto y la dinámica de clases.

Realmente lo de las clases es un poco raro. "Comprehensive Japanese", que tenemos por 1,5 horas 5 días a la semana, nos la dan cuatro profesores en cinco aulas distintas. Las horas de clase también varían bastante, a veces empezamos a las 13 horas, a veces a las 10.40. Eso sí, al menos casi todas mis clases serán en el mismo edificio.

Toda esta semana me he sentido descolocada, ansiosa, quizá incluso deprimida. El precio de los libros de texto, la constatación de que tengo que ir a comprar al supermercado hasta tres veces por semana, la dificultad de las clases, los días de lluvia, el consecuente estrés por llegar a clase a tiempo sin matarme con la bicicleta en alguna de las estrechas calles de la ciudad...

Y sin embargo, siempre hay algo en el mundo que me rodea que logra sorprenderme. El miércoles, mientras me esforzaba por llegar a clase a tiempo sin chocar contra las macetas de una señora con la bicicleta, me encontré de frente con una hilera de monjes que cantaban con voz profunda y pausada. Fue tan repentino, tan inesperado... un momento prácticamente mágico. (No pude hacerles una foto, pero me he "birlado" una foto que tomó una chica de la resi)



El viernes fue la cúspide de la semana, una serie de días de dudas, preocupaciones y lluvia. A pesar de las cortinas, por las mañanas entra mucha luz a mi habitación a través de la enorme ventana. Estos días, quizá por nervios, me había estado despertando antes de que sonara el despertador de mi reloj (a las ocho de la mañana, normalmente), y volviéndome a dormir, cansada. El viernes debía haber escuchado la alarma, y la apagué automáticamente. Dormí, y pensé que serían las siete de la mañana, aunque la gente había mucho ruido, incluso habían comenzado las obras en el edificio de junto. Miro el reloj para ver la hora, y me detengo. No marca la hora esperada. No marca las 7, sino las 10.40. Las DIEZ CUARENTA?? ¿No era ésa la hora en que comenzaba mi clase de japonés?

Pues sí, lo era. Después de unos minutos de pánico, salí corriendo. A pesar de mis esfuerzos llegué media hora tarde a clase, y aunque la profesora no me dijo nada al respecto, estoy segura de que me anotó un punto negativo... En fin! Estas cosas pasan.

Hoy, sin embargo, algo ha mejorado.

A eso del mediodía salí al centro de Kyoto para comprarme, por fin, un teléfono móvil. Para no alargar demasiado la historia, diré que no encontré ninguno de prepago, pero que la experiencia me obligó a hablar japonés con bastantes personas esta tarde. Y aunque me costó y muchas veces no entendía la mitad de lo que me decían, finalmente logré entender lo básico, y por mi parte logré hacerme entender. También estuve hablando con unos chicos que recogían firmas en apoyo a ocho estudiantes universitarios que están en la cárcel, y aunque no logré entender casi nada de lo que me explicó, si estuvimos un rato charlando, y me sentí más optimista respecto a la posibilidad de llegar a conocer gente de aquí.

Tampoco regresé con las manos vacías; a parte de panfletos y otras publicidades, visité la zona de compras y entré en el círculo vicioso que es el consumismo (¡quiero-quiero! ¡pero no tengo dinero!). Una tienda vendía tres calcetines / medias por 1050 yenes, y compré unos cuantos. No estaba segura, como siempre, de mi decisión, pero al probármelos en casa me encantaron. Me los quedo. ^_^ También encontré otra tienda con medias, calcetines largos y cortos, de todos tipos y colores, bastante baratos. ¡Y logré encontrar los loose socks! Hay de muchos tipos, algunos más largos y anchos que otros, y no son demasiado baratos. Pero ¡los quiero!

Además, en el camino de vuelta logré situarme en la ciudad y encontrar el atajo por donde me llevaron en bicicleta al centro la primera vez, un camino que sólo pude recorrer acompañada dos veces y que desde entonces no lograba recordar del todo. Aunque ahora, después de un adicional viaje nocturno para "ver la luna" (tsukimi), tengo las piernas verdaderamente molidas. ¡¡Ay mis rodillas.!!(Para llegar al centro desde mi residencia, en bicicleta, se tardan aproximadamente unos 40 minutos).

En resumen, que veo que aunque me cuesta y me queda mucho por delante, poco a poco estoy absorbiendo el lenguaje y logro desenvolverme lo suficiente para hacer lo que necesito; poco a poco me voy situando en la ciudad y voy adaptándome a lo que será mi vida durante los siguientes meses. Estoy feliz.

2 comentarios:

  1. Molt bé. :D

    Lo que describes es lo normal de los primeros días de un estudiante de intercambio. Ya te acostumbrarás.

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  2. cuéntame del -tsukimi-.
    Anoche veía tus fotos y me conmovía la serenidad y belleza que transimiten las fotos. Luego imaginé esos templos llenos de turistas, tal vez publicidad y ruido, cosas que no se perciben en las fotos.
    Me sentía nerviosa y enojada conmigo misma, queriendo estar con Sebastián. Y salí al parque que está cerca de mi casa. Es tan hermoso como los que se ven en las fotos, en las pinturas. Me acosté en una banca descalza a disfrutar de los árboles y el canto de los insectos. Los coches en la calle y el autolavado que está enfrente hacen mucho ruido.
    En fin, regresé a mi cuarto a lavar mi baño.

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